Presentación
Querido joven:
Todos deseamos seguir a Jesús, pero esto no es posible si no vamos dedicando tiempos concretos al encuentro personal con Él. Por constatar que normalmente en el grupo nos cuesta poco trabajo orar, y que, sin embargo, en la oración personal tenemos más dificultades nos sentimos empujados a ofreceros esta ayuda. Tenemos claro que es eso, una ayuda. Lo importante de verdad es que tú dediques un tiempo concreto cada día a la relación con Jesús. No vale, por tanto, leer lo que toque cada día y punto. No, las cosas no funcionan así.
Es necesario que, antes de comenzar esta experiencia de oración durante este mes y medio, te pares y decidas con toda claridad si deseas hacerla en serio. Cuando lo decidas busca el momento en el día que sea más oportuno para sacar unos minutos (si es cada día el mismo mejor, si no lo es te puedes despistar más). Considera también qué lugar es el más apropiado para que esos minutos de encuentro con Jesús sean de tranquilidad. Tomadas estas sencillas, pero importantes, decisiones ponte manos a la obra.
El material se ha estructurado teniendo como núcleos básicos los domingos y festivos. (Esos días tal vez puedas dedicar un poco más de tiempo). El resto de días se sugieren pistas para profundizar en las ideas de los núcleos básicos.
Es muy importante que al iniciar tu oración diaria tomes conciencia de lo que vas a realizar; te sitúes en la presencia del Señor; desde Él y ante Él reflexiones sobre tu vida; escuches atentamente su palabra y le dirijas tu oración de petición, de agradecimiento o de perdón.
Atención al cansancio, a la pereza o al ¡lo dejo para mañana! Intenta ser fiel a un ratito todos los días.
Esperamos que nuestra ayuda sea un instrumento válido para tu encuentro con Jesús porque Él “está a la puerta y llama”.
ESQUEMA DEL PROCESO
¿QUÉ HACES?
Domingo 1º Adviento (1 diciembre)
¿A QUIÉN ESCUCHAS?
Inmaculada (8 diciembre)
¿QUIÉN ERES?
Domingo 3º Adviento (15 diciembre)
¿CUÁL ES EL PROYECTO DE DIOS SOBRE TI?
Domingo 4º Adviento (22 diciembre)
EL ENCUENTRO
Navidad (25 diciembre)
UN ENCUENTRO QUE ASUSTA
Sagrada Familia (29 diciembre)
UN ENCUENTRO QUE HAY QUE DIGERIR
Santa María Madre de Dios (1 enero)
UN ENCUENTRO PARA ACOGER O PARA RECHAZAR
2º Domingo después de Navidad (5 enero)
UN ENCUENTRO QUE NOS LLENA DEL ESPÍRITU PARA ENVIARNOS A LA TAREA
Bautismo del Señor (12 enero)
«Estoy a la puerta y llamo» (Ap 3,20)[1]
El inicio del Adviento significa una nueva llamada del Señor. Llama a las puertas de la Iglesia, como fue llamando a las puertas de Belén. Llama a las puertas de tu corazón. Quiere nacer de nuevo en ti, en los creyentes, en cada comunidad, en el corazón del mundo. Es verdad que puede llamar en cada momento, pero en este tiempo reitera sus llamadas.
¿Te imaginas? Jesús llamando de verdad a tu puerta. ¿Qué crees que viene a regalarte o a pedirte? Piensa que él es un príncipe y llega ahora mismo del cielo. Así que vendrá cargado de tesoros y de gracias. Haz una lista de lo que más te conviene y preséntale tus peticiones, en las que se recojan los mejores deseos y esperanzas de Adviento.
No vayas a pedir las cosas de siempre, esperanzas pequeñas: que las cosas te salgan bien, que no te pase nada ni te duela nada, que te quieran, que te admiren, y lo mismo para los tuyos. Apunta un poco más alto: que haya paz, que se erradique la pobreza, que se termine con el terrorismo, que se venza al cáncer y al Sida… 0 muévete en otras coordenadas: la superación de tus defectos, el crecimiento de tus virtudes, el vivir una fe más auténtica y comprometida, una vida de amor; y la santidad para ti y para todos, una Iglesia renovada, unida y reunida. Pero procura concretar, no vayas a quedarte en generalidades que a nada comprometen.
Para conseguir esto te proponemos que durante las cuatro semanas del Adviento respondas a cuatro preguntas fundamentales:
¿Qué hago? (¿En qué me ocupo?)
¿A quién escucho? (¿Qué voces dirigen mi vida?)
¿Quién soy? (¿En qué medida soy testigo de Jesús?)
¿Cuál es el proyecto de Dios sobre mí? (¿Por dónde me orienta el Señor?)
Todo esto será arreglar un poco la casa y preparar la mesa, porque la Escritura dice que el Señor quiere cenar contigo. Todo está a punto. En cuanto el Señor venga y llame, le abrirás.
«Estoy a la puerta y llamo».Navidad puede ser para ti EL ENCUENTO, y el volver a vivir cada encuentro que hayas tenido con Jesús porque Él está contínuamente viniendo.
Le abres al Señor y ?¡oh sorpresa! es un mendigo. Viene realmente pobre y no tiene nada que ofrecer. Viene con las manos vacías y extendidas para que le des algo… Dice que a lo mejor te sobra alguna cosa o muchas cosas o todas las cosas. Está dispuesto a pedirte todo: tus riquezas, tus valores, tus «virtudes», tu posición, tu prestigio, tu comodidad. Lo que realmente quiere el Señor es tu vida.
Así llega Él siempre, por eso en los días de Navidad pordrás ir descubriendo que el Encuentro con Jesús es…
un encuentro que asusta;
un encuentro que hay que digerir
un encuentro para acoger o rechazar
un encuentro que llena del Espíritu para enviarnos a la tarea.
Si le das todo, si te das del todo, si te vacías de ti, si todo lo esperas del Señor, entonces se sentará a la mesa contigo y pondrá en la mesa su pan y su vino… Será una cena que transforma y enamora.
¿QUÉ HACES?
Primer Domingo de Adviento
(1 de diciembre)
Nuestra vida:
Normalmente en la vida funcionamos cargadísimos de buenos deseos que casi nunca se llevan a cabo en la realidad. Deseamos ser más trabajadores y nos mantenemos igual de perezosos; deseamos ser más generosos y continuamos pensando en lo nuestro de forma casi exclusiva y egoísta; aspiramos a cambiar en algo y con mucha fecuencia nos vemos en las mismas… ¡Qué trabajo nos cuesta llevar nuestros deseos a la vida! Lo intentamos, sí, pero al poco tiempo nos cansamos. Realmente nos cuesta ser constantes y estar atentos a nosotros mismos. Nos vence la rutina, el cansancio, el aburrimiento, el sueños,… y nos vemos tropezando en las mismas piedras.
Escuchamos la Palabra de Dios: Marcos 13, 33-37.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!
Volvemos a la vida:
Si estás leyendo esto, seguramente hay en ti una inquietud. Deseas abrir tu corazón al Dios que te quiere y que en su Hijo quiere encontrarse contigo. Tienes la intención de tomarte en serio este tiempo especial de preparación para la Navidad y por eso estás con este texto entre tus manos. Tu inquietud es buenísima pero tenemos un problema: hasta que no seas consciente de lo que vives en este momento y de cómo vives, tu deseo no podrá hacerse realidad. “Velad, vigilad”, nos ha dicho Jesús. Él sabe que tendemos a dormirnos en nuestros esfuerzos. Él sabe que nos cansamos de luchar contra lo que nos ata y no nos deja ser más personas. Del mismo modo que el portero tiene como tarea principal la de velar, la de estar atento para descubrir a tiempo la llegada del visitante o del dueño de la casa,… del mismo modo que el portero, el de fútbol, ha de estar atentísimo para intuir casi por dónde le llega el balón,… así nosotros tenemos una tarea: tener los ojos bien abiertos porque el Señor llega. Ya sabemos que Navidad puede ser cada día que nos encontramos con Él. Ya sabemos que Él puede llegar en cualquier momento, en cualquier persona, en cualquier acontecimiento,… y nuestra misión consiste en descubrirlo.
¿Qué haces tú? ¿A qué te dedicas? ¿Estás atento para descubrirlo cada vez que se acerca a ti? ¿O andas dormido o entretenido en otras cosas?
Oramos:
“Es hora de despertar”
“Es hora de despertar”",
de velar y de allanar
valles, montes y veredas.
Dicen que Dios va a llegar…
Y esta vez voy a esperar
con una canción de espera,
que ponga en mi voz la voz
de la humanidad entera.
Ven, llave de libertad;
mi casa te espera abierta,
pero todavía hay puertas
y muros por derribar.
Ven para hacerme de nuevo
renuevo de vida nueva;
y en los sarmientos dormidos
por el retoño escondido
y la savia que recrea.
Ven, Pastor, a conducir
tantos pasos aún perdidos
que buscan norte y sentido;
y pon la Luz de tu luz
en mis pasos de testigo.
Ven, Sol, que llega del cielo
a prender fuego a la tierra;
ven a quemar injusticias,
a curar nuestras cegueras.
Ven, Señor, Rey de la paz;
y que nos llueva el rocío
sereno de tu bondad
en nuestros pozos vacíos,
para volverla a sembrar.
Ven, Enmanuel, Dios cercano,
Dios-con-nosotros, amigo;
ven y quédate conmigo
para darte a los hermanos.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (2 de diciembre):
Para reflexionar:
Mira despacio el día de hoy, ¿en qué acontecimiento el Señor ha podido pasar a tu lado?
Para orar:
Ya es hora de despertar del sueño[2]
Ya es hora de despertar.
Ya es hora de abrir los ojos.
Ya es hora de ver la luz.
Ya es hora de levantarse.
Ya es hora de descubrir la presencia de Dios.
Ya es hora de aceptar la salvación.
Ya es hora de hacer un sitio a Dios.
Ya es hora de acoger la salvación.
Ya es hora de decir sí a Dios.
Ya es hora de dejar atrás el pesimismo.
Ya es hora de poner la mano en las obras del reino.
Ya es hora de comprometerse un poco más.
Ya es hora de comenzar a sentir la presencia de Dios.
Ya es hora de abrir las puertas cerradas.
Ya es hora de dar la palabra a los sin palabra.
Ya es hora de mirar con esperanza.
Ya es hora de despertar.
¿No sentís que Dios está llamando a la puerta?
Martes (3 de diciembre)
Para reflexionar:
Los necesitados, los ultimos, son manifestación privilegiada del Señor. ¿Quiénes son los necesitados que tienes cerca de ti?
Para orar: “Es hora de despertar”
Miércoles (4 de diciembre)
Para reflexionar:
En los acontecimientos importantes o especiales el Señor también se hace ver. ¿En qué situaciones o experiencias vividas por ti en los últimos meses has podido descubrir la presencia de Dios?
Para orar:”Ya es hora de despertar del sueño”
Jueves (5 de diciembre)
Para reflexionar:
Percibir la llegada de Jesús exige atención y tiempo, tiempo para pensar despacito y en silencio sobre lo que uno vive. ¿Qué tiempos has dedicado en los últimos meses a pensar en tu vida en la presencia de Jesús?
Para orar: “Es hora de despertar”
Viernes (6 de diciembre)
Para reflexionar:
Al vigilante le puede perder el sueño o las distracciones. Cuando éstas ocupan la cabeza, el corazón no está listo para ver la llegada del Señor. ¿Cuáles son las distracciones o preocupaciones que has tenido en esta última temporada?
Para orar:”Ya es hora de despertar del sueño”
Sábado (7 de diciembre)
Para reflexionar:
Durante esta semana has intentado ser consciente que tu misión es velar, vigilar, estar atento porque todos tendemos a dormirnos. Pide a Jesús luz para estar espabilado y saber descubrirlo en tu vida y en la de los demás.
La misión más importante: EL CENTINELA[3].
Cerca de la frontera de un país muy lejano, perdido en medio del desierto, se alzaba un pequeño castillo. De cuando en cuando, paraban en él las caravanas, o, acaso, algún caminante solitario pernoctaba. Pero la vida del castillo era muy monótona y apenas sucedía nada que hiciese distinto un día de los otros.
Una mañana llegó un mensaje del rey: «Estad preparados, porque se nos ha hecho saber que Dios va a visitar nuestro país y tal vez pasará por vuestro castillo. Debéis preparaos para recibirlo». Las autoridades del castillo se dispusieron a cumplir la real orden. Mandaron llamar al centinela. Le encomendaron que a partir de aquel día no perdiese de vista el desierto, y tan pronto como observase alguna señal de la llegada de Dios se lo comunicasen.
El centinela recibió el encargo; nunca le habían confiado una misión tan importante. Firme sobre la torre, con los ojos bien abiertos atisbaba continuamente el horizonte a la espera del más pequeño indicio. «¿Cómo debe ser Dios? ?pensaba?. Seguramente vendrá con una gran comitiva, y lo podré distinguir de lejos… Tal vez aparecerá de pronto, acompañado de un poderoso ejército … ».
Con este presentimiento, no pensaba en nada más, y se pasaba los días y las noches en la cima de la torre. Transcurrió el tiempo, y poco a poco todos fueron olvidando el mensaje de Dios. Hasta el rey llegó a perder interés. En el castillo, los oficiales y soldados se cansaron de esperar aquella visita, y no hablaban ya de ella. Sólo el centinela se mantenía despierto, esperando, siempre esperando, bajo el sol y bajo la lluvia. Veía llegar caravanas y ejércitos; pero ninguno de ellos era el cortejo de Dios. A veces, cansado de mirar, se preguntaba si todo aquello no había sido un engaño… «¿Por qué va a venir Dios? Y aunque viniese, ¿iba a pasar por este castillo tan insignificante?». Pero la esperanza acababa por disipar todas sus dudas. Y seguía oteando incansablemente los horizontes…
Pasaron los meses y los años. El centinela se hacía viejo y los ojos se le ofuscaban. Con frecuencia tenía que sentarse porque las piernas ya no le sostenían. Todos los soldados, uno tras otro, habían abandonado el castillo, por la nostalgia de la ciudad, y el centinela se había quedado completamente solo. Un día se levantó para observar el desierto y advirtió que apenas podía moverse. Supo que se hallaba próximo a la muerte y una gran tristeza le invadió el alma: «He permanecido toda la vida esperando la visita de Dios y tendré que morir sin haberlo visto» ?exclamó con dolor?. Pero justo entonces oyó una voz a su lado: «¿Es que no me conoces?». Asombrado, el centinela se giró e intuyó que Dios había llegado. Lleno de alegría, le dijo: «¡Oh ya estás aquí! ¡Me has hecho esperar tanto… ¿Por dónde has venido, que no te he visto?». «Siempre he estado cerca de ti ?replicó Dios con dulzura- desde el día que decidiste esperarme. Siempre he estado aquí, a tu lado, dentro de ti. Has necesitado mucho tiempo para darte cuenta, pero ahora ya lo sabes. Este es mi secreto: sólo los que esperan pueden verme … ».
La voz calló y el centinela sintió una inmensa felicidad. Abrió los ojos y volvió a seguir con la vista, lentamente, amorosamente, el horizonte.
Para orar: “Es hora de despertar”
¿A QUIÉN ESCUCHAS?
Inmaculada Concepción
(8 de diciembre)
Nuestra vida:
Nos pasamos el día oyendo mensajes. Al levantarte pones la radio, música o la televisión y comienzan a llegarte mensajes. Sales de casa y durante un montón de horas, en clase o en el trabajo, a tu cabeza llegan palabras incontables que te transmiten un contenido que debes aprender o una orden que debes ejecutar. Ruidos, sonidos, palabras y hasta voces que son como una música a la que el oído se acostumbra y que te mantiene en algo semejante a un letargo y que te hace inmune a lo que ocurre a tu alrededor. Oyes continuamente, pero, de repente, un mensaje es distinto. Pueden ser las palabras de un amigo o un montón de signos, para mucha gente ininteligibles, que llegan a tu móvil y sales del sueño. Has comenzado a escuchar. Estas palabras tienen importancia para ti. Tu vida y tus sentimientos se mueven al escucharlas.
Escuchamos la Palabra de Dios: Lucas 1, 26-38.
El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel.
Volvemos a la vida:
No creas que sólo te mueven los mensajes de quienes te importan. No es así. Tu vida se está moviendo por una fuerza que supera y que está por encima de tu libertad. Tú estás escuchando y haciendo caso a mensajes que nos hablan de prestigio, de consumo, de diversión mientras se pueda, de mínimo esfuerzo, de que no merece la pena comerse la olla, de la vida es para vivirla, de sálvese quien pueda, de evita el esfuerzo, de elimina lo que no te sea rentable, de ve a tu bola, de …
“El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada… la virgen se llamaba María”. Dios envió un mensajero y un mensaje. Era una palabra dirigida a María y María escuchó. “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Era la palabra de Alguien que se sabía a su lado, que la llenaba de bendiciones y que la invitaba a la alegría. María escuchó un mensaje que la hacía entrar en la plenitud de sus posibilidades. Siendo una chica sencilla, era una privilegiada por puro regalo de Dios. Así, cuando María escuchó la noticia descubrió quién era verdaderamente. Había escuchado una palabra que le indicaba con claridad, como si fuera un plano de cuento de piratas, dónde estaba el tesoro más grande para ella.
Para cada uno el Padre también tiene un tesoro que podemos conseguir: nuestra felicidad.
Tenemos que elegir entre este mensaje y los otros que contínuamente nos llegan y ante los que sucumbimos.
Oramos:
María, Virgen del Adviento:
enséñanos a preparar el camino a Jesús
como tú lo preparaste.
Enséñanos a liberar nuestro corazón
de todas las ataduras que lo esclavizan,
para poder escuchar nuestra propia anunciación
y responder nuestro sí sincero y comprometido
al Dios que nos creó para hacer su voluntad.
Enséñanos a vaciar el corazón de nuestros gustos,
nuestras cosas y proyectos,
para dejarlo libre para los deseos de tu Hijo
y poder responderle como tú:
«Aquí está la esclava de mi Señor».
Enséñanos a estar siempre disponibles
a la voluntad de Cristo sobre nuestras vidas,
para poder decir a Dios como tú dijiste:
«Hágase en mí según tú quieres».
Enséñanos a olvidarnos de nosotros mismos
como tú te olvidaste de todo,
para salir en ayuda de tu prima Isabel;
que nos olvidemos del ansia de ser felices
y busquemos sólo en nuestra vida
la felicidad de hacer felices a los demás.
Enséñanos a preparar el camino a Jesús
haciendo sitio en la posada de nuestro corazón
a quienes no encuentran corazones donde habitar,
a quienes no encuentran personas en quien confiar,
a quienes necesitan un hermano con quien hablar,
a quienes son despreciados por no ser como los demás,
a quienes buscan un poco de escucha y comprensión.
Enséñanos a emprender el camino hacia los demás
sin esperar siquiera que nos lo pidan,
que el nombre de nuestro amor sea el servicio
y la cara de nuestro cariño sea la ayuda,
que aprendamos que amar es entregarnos,
sin reservas y sin contraprestaciones, a los demás.
María, Virgen del Adviento,
enséñanos a preparar el camino a Jesús,
guíanos hacia el Belén de nuestra vida
donde engendremos a Jesús en nuestro corazón
y lo trasplantemos con nuestro ejemplo
al corazón de cuantos necesitan al Salvador.[4]
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (9 de diciembre)
Para reflexionar:
Para escuchar a Dios es muy importante hacer silencio fuera y dentro de ti y preguntar ¿Señor, qué tienes que decirme hoy a mí?
Para orar: “María, Virgen del Adviento”
Martes (10 de diciembre)
Para reflexionar:
Muchas veces vivimos, sin darnos cuenta, a las órdenes de determinados mensajes que nos llegan. Algunos son: “Tener es más importante que ser”o “Consumir es mejor que renunciar”
¿Conoces a gente que viva desde estos mensajes? ¿Vives tú desde ellos? ¿Pueden dar la felicidad?
Para orar:
María, madre de la escucha[5]
María, Madre del corazón lleno de Dios,
danos tu misma apertura al Padre,
para dejar que Dios entre en nuestro corazón.
Danos tu confianza para fiarnos de Dios
y dejar nuestra vida en sus manos.
María, Madre de los oídos bien abiertos,
abre los oídos de nuestro corazón
a la Palabra de Dios que nos habla
en las necesidades de los que nos rodean
y en las cualidades que Él nos ha regalado
y nos llama, como a ti, a hacer su voluntad.
María, Madre de la entrega a Dios,
enséñanos a darnos con generosidad al Señor,
que está presente en los más pequeños
a los que debemos amar con nuestra ayuda.
María, Madre esclava del Señor,
enséñanos a no pertenecer a nuestro capricho,
a no dejarnos llevar por las apetencias
y por lo más bajo de nosotros mismos,
para poder pertenecer sólo a Dios
y ser sus instrumentos en nuestro mundo.
María, Madre del corazón siempre dispuesto,
danos tu misma disponibilidad
para ayudar desinteresadamente y con alegría
a los que necesitan nuestro apoyo
y nuestra presencia amiga.
María, danos tu misma fuerza de voluntad
para salir con prontitud al encuentro
de los que están necesitando de nosotros,
sin poder o atreverse a pedir ayuda.
María, Madre atenta de Caná
danos tu misma solicitud y preocupación
para estar pendientes de los que no tienen
el vino de la alegría, de la esperanza y del amor
y poder saciarles de esa felicidad
que sólo da el vino bueno de tu Hijo Jesús.
Miércoles (11 de diciembre)
Para reflexionar:
Se dice también hoy: “Ganar es lo importante sin que tenga demasiada importancia los medios o quienes caigan por el camino”, “aparentar es más que ser”, ¿están presentes estas ideas en el ambiente en el que te mueves? ¿Vives tú desde estas ideas?
Para orar: “María, Virgen del Adviento”
Jueves (12 de diciembre)
Para reflexionar:
“Disfruta el presente y no pienses demasiado” o “ve a tu bola y sobre todo diviértete”. También estos mensajes nos llaman, como cantos de sirena. ¿Te parece normal vivir así hoy? ¿Es lo mejor vivir así?
Para orar: “María, madre de la escucha”
Viernes (13 de diciembre)
Para reflexionar:
María tuvo otra manera de entender la vida: la pobreza, la escucha de la voz de Dios, la disponibilidad, el servicio, la sencillez, la justicia,… ¿En qué medida sus planteamientos coinciden con los tuyos?
Para orar: “María, Virgen del Adviento”
Sábado (14 de diciembre)
Para reflexionar:
¿Para qué te ha servido lo que has pensado en esta semana? ¿Crees que estás siendo más consciente de las voces a las que en realidad haces caso? ¿A quién quieres escuchar de verdad?
Para orar:
María, tú escuchaste con el corazón abierto
todas las palabras de salvación de Jesús
y las meditaste con amor dentro de tu corazón
hasta llegar a comprender todas las razones de Dios.
También nosotros queremos escuchar a Jesús,
pero nos distraen mucho otros mensajes del mundo.
Abre nuestro corazón al Evangelio
para que Jesús se convierta en el eje de nuestro sentir
y aprendamos a dar siempre la razón en nuestra vida a Dios.[6]
¿QUIÉN ERES?
Tercer Domingo de Adviento
(15 de diciembre)
Nuestra vida:
Todos tendemos a identificar a quien tenemos delante si queremos entablar una relación, por mínima que sea, con él. ¿Quién es? Preguntamos si no lo sabemos. Es “fulanito” nos dicen al presentarnos a alguien. No sería esto absolutamente necesario de principio, pero, sin embargo, pasado un tiempo de conversación o de relación con alguien determinado se construye en nuestra mente una idea más o menos perfilada de la persona en cuestión. En esta idea el nombre, las características externas, su trabajo,… no son posiblemente los elementos más importantes. A medida que tenemos un conocimiento más profundo de la otra persona, otros aspectos ocupan el papel principal. Lo mismo tendríamos que hacer con nosotros mismos. Es fundamental que cada uno tengamos respuesta para la pregunta ¿quién soy yo? El contenido no puede ser el nombre, las aficiones, o lo externo. En la respuesta a esta pregunta ha de estar lo más importante de nuestra persona.
La Palabra de Dios: Juan 1, 6-8. 19-28.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.
Los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran:
¿Tú quién eres?
El confesó sin reservas:
Yo no soy el Mesías.
Le preguntaron:
Entonces, ¿qué?, ¿eres tú Elías?
Él dijo:
No lo soy.
¿Eres tú el Profeta?
Respondió:
No.
Y le dijeron:
¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?
Él contestó:
Yo soy “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor“(como dijo el profeta Isaías).
Entre los enviados había fariseos y le preguntaron:
Entonces ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?
Juan les respondió:
Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, que existía antes que yo y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia.
Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando
Volvemos a la vida:
“¿Quién eres?”, preguntaron a Juan el Bautista. Juan vivía en el desierto, había optado por un estilo personal de tal austeridad que llamaba la atención. Parecía alguien profundo, un santo quizás, alguien enviado por Dios. Predicaba la conversión del corazón y el bautismo. Sin duda era alguien especial. ¿Sería el Mesías enviado por Dios? ¿En qué medida había que seguirlo?… Para aclararse, lo mejor es preguntar: ¿quién eres? La pregunta era por el sentido de su vida, por su misión, por su tarea, por quien le sostenía,… Juan dijo: “Yo soy una voz”. Un sonido que transmite un mensaje. Yo soy un dedo que indica un camino, yo soy una señal que recomienda prepararse para quien ha de llegar. “Yo soy –respondió Juan- muy poca cosa, el importante de verdad es aquel al que yo anuncio. Soy su telonero. Un telonero tan insignificante ante Él que no merezco ni desatarle la correa de la sandalia (tarea que correspondía a los siervos).
Parece que Juan tenía muy claro quién era y sobre todo quién era en relación a Jesús. Así se definió él.
Hoy te toca definirte a ti. ¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú en relación a Jesús? Si deseas que este Adviento sea un tiempo en el que te prepares de verdad para el encuentro con Jesús, tendrás que descubrir qué es ahora en tu vida lo importante y en qué medida el Señor forma parte de lo esencial.
Oramos:
En la encrucijada de mi vida.
Señor, empiezo a caminar por mi cuenta
y tengo que elegir un camino y acertar en él.
El mundo me ofrece sus caminos, faciles, fascinantes:
camino del dinero, de la diversión,…
Aprovechar, sacar partido, vivir,…
Frente a esto tu me ofreces otro camino,
Me initas a seguir el camino del amor.
Amor que es entrega de la vida
que es redención del oprimido,
establecimiento de la justicia, de la fraternidad.
Amor que es sinceridad, verdad, alegría y perdón,
amistad, grupo, comunidad.
Amor que salva y da sentido a la vida.
Amor que reconoce a Dios como Padre
que reconoce a todos los hombres como hermanos.
Aquí estoy, Señor, con esta edad que tú me das,
abierto el corazón a tu llamada.
Dame valor para seguir tu camino.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (16 de diciembre)
Para reflexionar:
Las voces a las que hacías caso y que descubrías la semana pasada pueden darte pistas sobre quién estás siendo tú en este momento o sobre quién has estado siendo tú en los últimos meses. ¿Cuáles han sido en tu vida concreta los valores importantes? Intenta definirlos.
Para orar: “En la encrucijada de mi vida”
Martes (17 de diciembre)
Para reflexionar:
Analiza hoy tu relación a Jesús en esta última época. ¿Qué lugar ha ocupado en tu vida? ¿Cuánto tiempo le has dedicado? ¿Cuáles de sus valores has intentado vivir?
Para orar: “En la encrucijada de mi vida”
Miércoles (18 de diciembre)
Para reflexionar:
Descubre en este día los aspectos más positivos de tu vida, de tus actitudes, de tus comportamientos. ¿Qué es lo que más te gusta de ti mismo y de tu forma de ser?
Para orar: “En la encrucijada de mi vida”
Jueves (19 de diciembre)
Para reflexionar:
Sitúate en lo que crees que los demás piensan de ti. ¿Qué aspectos de tu vida valoran los demás más en ti? ¿Qué actitudes o comportamientos de los que tú tienes consideras que molestan más a los demás?
Para orar: “En la encrucijada de mi vida”
Viernes (20 de diciembre)
Para reflexionar:
El evangelista San Juan definió a Juan el Bautista como “testigo de la luz”: aquél que ha visto, aquél que ha experimentado la alegría de encontrar a Alguien que ha llenado su vida y que intenta comunicarla a otros para que la misma luz les llegue. ¿Es Jesús para ti Alguien que ilumina, que da alegría a tu vida? ¿Intentas comunicarlo a los que tienes cerca?
Para orar:
Nos pusiste, Señor, en esta tierra
como luz, como hoguera abrasadora,
a nosotros que apenas mantenemos
encendida la fe de nuestras almas.
Nos dejaste, Señor, como testigos,
como anuncio brillante entre las gentes,
a nosotros, tus amigos vacilantes.
No te oíran si nosotros nos callamos,
si tus hijos te apartan de sus labios.
No verán el fulgor de tu presencia
si tus fieles te ocultan con sus obras.
¡Ay de aquel que no siembre a manos llenas,
el que guarda en su pecho tus regalos,
el que deja a los ciegos con su noche
y no da de comer a los hambrientos!
¡Ay de aquel que no grita tu evangelio,
el que calla detrás de sus temores,
los que buscan tan solo los negocios
olvidando dar la vida a tu mensaje!
Fortalece, Señor, nuestra flaqueza.
Que tus siervos anuncien tu palabra.
Que resuene tu voz en nuestra boca.
Que tu luz resplandezca en nuestras vidas.
Tú serás fortaleza de tu pueblo,
la victoria del hombre desvalido.
Con tu ayuda serán irresistibles
tus testigos dispersos por la tierra.
Sábado (21 de diciembre)
Para reflexionar:
En Juan el Bautista era clarísimo su estilo de austeridad y de humildad. ¿Necesitas mucho para vivir? ¿Qué te sobraría de las cosas que tienes? ¿Eres capaz de reconocer lo bueno de los demás y al mismo tiempo tus fallos y carencias? Considera finalmente que te ha aportado tu reflexión de esta semana.
Para orar: “Nos pusiste, Señor, en esta tierra”
¿CUÁL ES EL PROYECTO DE DIOS SOBRE TI?
Cuarto Domingo de Adviento
(22 de diciembre)
Nuestra vida:
¿Qué haces? ¿A quién escuchas? ¿Quién eres? A las tres preguntas has intentado responder durante estas semanas de Adviento. Dentro de dos días celebramos Navidad. Todo está ya preparado. Incluso tú puedes estar ya de vacaciones, si eres estudiante. Rozamos con los dedos Nochebuena. Seguro que hoy encontraremos montones de detalles que nos recuerden que un gran día está a punto de llegar. En medio de todo esto, tú puedes ir teniendo claro qué puedes hacer para percibir la llegada del Señor; puedes haber descubierto que necesitas escuchar más su voz; puedes haber llegado a ser conscientede quién eres y de dónde estás en relación con Dios; … pero, ¿qué quiere Él de ti? ¿Qué proyecto tiene Él sobre ti? ¿Qué espera Él de ti?
La Palabra de Dios: Lucas 1, 26-38.
El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible». María contestó: «Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». Y la dejó el ángel.
Volvemos a la vida:
Repetimos evangelio. Es la segunda vez que lo vemos en este tiempo. ¿Tan importante será?
El ángel dijo: “No temas,… concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús…” María, aquella chiquilla que escuchó la voz de Dios recibe una tarea: “concebirás,… darás a luz,… podrás por nombre….” El Señor quería de ella algo muy importante: que fuera la madre de su Hijo. María no se cierra a la llamada, simplemente pregunta cómo se realizará y Dios pone los medios. Escuchó, se puso a tiro, el Padre la eligió y le encargó una misión.
Como María tú estás en actitud de escucha y como para María, el Padre tiene para ti una misión. Él quiere algo de ti. Te llama para un encargo concreto y te dice “no temas” porque, seguramente, al descubrir lo que quiere de ti te de miedo y desees hacer oídos sordos. Escucha la voz y no temas. Él te garantiza la felicidad, sin evitarte las dificultades, en la tarea que te dé.
¿Te llama el Señor a una entrega más generosa de tu vida? ¿Te llama a un seguimiento más radical de su persona? ¿A qué te llama? No te tapes los oídos porque hay un mensaje para ti. María te ayudará a entenderlo y a responder.
Oramos:
El sí de María[7]
María, tú que esperaste la llegada el ángel
unida fuertemente a Dios en la oración.
Enséñanos a buscar la voluntad de Dios
leyendo junto a Él los acontecimientos de cada día.
María, tú que te asustaste al oír el saludo del ángel,
pero mantuviste la calma para preguntar y decidir.
Enséñanos a calmarnos en los momentos de duda,
danos confianza en Dios para superar todas las dificultades.
María, tú que escuchaste al ángel con el corazón abierto,
dispuesta a todo con tal de hacer la voluntad de Dios.
Enséñanos a escuchar a Dios en la oración y en la vida
con el corazón abierto de par en par a su voluntad.
María, tú que no necesitaste todas las seguridades
para responder un Sí valiente a Dios.
Enséñanos a lanzarnos al vacío de los brazos de Dios
confiando que su voluntad es lo mejor para nosotros.
María, tú que te declaraste esclava de Dios
para mostrar tu total disponibilidad a Él.
Enséñanos que somos instrumentos de Dios,
que hemos de esforzarnos en ser cada día más perfectos
para cumplir la misión que Él nos tiene encomendada.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (23 de diciembre)
Para reflexionar:
Los días previos al parto la futura madre es el centro de atención del resto de la familia. Mira hoy a María. Escúchala, tiene algo que decirte.
CARTA DE MARíA A UN JOVEN
Querido hijo:
Te escribo como madre porque creo que eres bueno, pero estás lleno de dudas, sin saber qué hacer ni qué camino tomar, en medio de un mundo que tan pronto se te antoja maravilloso como un mar de ínjusticias y sufrimientos.
Lo primero que quiero decirte es que Dios te ama y se preocupa continuamente por ti y que me ha encargado que te cuide como madre. Puedes contar con nosotros siempre, no importa lo que pase, ni lo que pienses. Aun antes de que tú nos pidas ayuda, ya estaremos ayudándote en tu caminar por la vida.
Desde aquí, desde el seno de Dios, las cosas se ven mucho más claras. Se ve la verdad de la vida y el mundo y veo el camino que Dios proyectó para ti.
El mundo te dice que hay que mirar las cosas desde arriba, porque sólo el que tiene dinero, fama y poder está cerca de la felicidad. Sin embargo, recuerda que mi Hijo, que es el Hijo de Dios, nació abajo, entre la gente sencilla, humilde y pobre; y desde abajo comenzó a construir el Reino de Dios con la única fuerza de su amor. Dios te necesita con un corazón grande y sensible, con unos ojos bien abiertos, capaces de ver la vida como la vemos aquí.
Entonces entenderás que Dios te es imprescindible, que lo necesitas más que el aire que respiras. Desearás escucharle, hablarle, sentirte cerca del Él en la oración, porque es el motor que te impulsa y la fuerza que te anima.
Entonces comprenderás que la humildad y la sencillez son la llave que abre las puertas de todos los corazones. Te darás cuenta de que, cuanto más te olvides de ti mismo y vivas para los demás, más feliz serás, porque estarás más lleno de Dios.
Te olvidarás de las cosas que la sociedad de consumo te ofrece y, cuando tengas que usarlas, lo harás sin rendirles el corazón, porque tu corazón le pertenece a Otro y tu tesoro está lleno de otra clase de riquezas.
Sentirás que tu vida se llena de sentido y caminarás por ella en busca de tu meta, que está aquí en el mundo y sobre todo aquí en el cielo.
Trabajarás por hacer un mundo mejor hasta consumir tus fuerzas y al final, cuando veas que la labor te sobrepasa, entenderás que estás trabajando en la obra de Dios. Y que tú sólo eres un obrero en ella, incapaz de entenderla del todo y de terminarla, pero seguro de que se acabará y la disfrutarás con todos los otros.
Como ves, el camino no es fácil, ni mucho menos, pero tampoco es imposible. Te lo digo yo, que lo seguí la primera, justo tras mi Hijo. Me dirás que lo tuve fácil, por ser la madre del Hijo de Dios, pero no es cierto. Dios no me lo puso nada fácil. Yo también tuve que buscar constantemente su voluntad. Desde que le dije el sí anduve en búsqueda y en inquietud constante. A mí también me costó aprender a ver las cosas desde Dios. Me costó reconocer al Hijo de Dios en el pesebre y sobre todo en la cruz. Hasta que comprendí que el arma de Dios es el amor y que no hay mayor amor que dar la vida por los demás.
Querido hijo, te he mostrado mi camino. Ya sabes lo que has de hacer si quieres ser un hijo digno de tu madre, que te quiere siempre.
María, tu madre del cielo.[8]
¿Qué te sugieren las palabras de María?
Para orar: “El sí de María” .[9]
María, tú que aceptaste todos los peligros
que tu Sí pudiera acarrearte, confiando ciegamente en Dios.
Enséñanos a aceptar el riesgo de nuestro sí,
danos fuerzas para vencer el miedo al qué dirán,
danos confianza para aceptar ser distintos sin vacilar.
María, tú que mantuviste tu Sí por siempre
en medio de la espera, la duda y el dolor.
Enséñanos a decir sí cada día de nuestra vida,
sin que nada ni nadie nos aparte del amor de Dios.
María, tú que guardaste todo lo que sucedía en tu corazón
y lo meditaste frente a Dios para comprenderle mejor.
Enséñanos a leer la Palabra de Dios en nuestra historia
y a saber entender los renglones, rectos o torcidos de Dios.
Martes (24 de diciembre)
Para reflexionar:
Esta noche recordamos el nacimiento de Jesús.
Un cuento de Navidad[10] Por: Paulo Coelho,
“Siempre está viva la fe en el corazon de los hombres…” Dijo el sacerdote al ver la iglesia llena. Eran obreros del barrio más pobre de Río de Janeiro, reunidos esa noche con un solo objetivo común: la misa de navidad. Se sintió muy confortado. Con paso digno, llego al centro del altar.
a, b, c, d,…
Era, al parecer, un niño el que perturbaba la solemnidad del oficio. Los asistentes se volvieron hacia atrás, algo molestos.
a, b, c, d,…
¡Para! – dijo el cura.
El niño pareció despertarse de un trance. Lanzó una mirada temerosa a su alrededor y su rostro enrojeció de vergüenza.
¿Qué haces? ¿ No ves que perturbas nuestras oraciones ?
El niño bajó la cabeza y unas lágrimas se deslizaron por sus mejillas…
¿Dónde está tu madre ? – insistió el cura.
¿No te ha enseñado a seguir la misa ?
Con la cabeza baja el niño respondió: Perdoname padre, pero yo no he aprendido a rezar. He crecido en la calle, sin padre ni madre. Hoy, como es navidad, tenía la necesidad de conversar con Dios. Pero no sé cuál es la lengua que ÉL comprende, por eso digo solo las letras que yo sé. He pensado que, allá arriba, ÉL podría tomar esas letras y formar las palabras y las frases que le gusten.
El niño se levantó.
Me voy – dijo – .No quiero molestar a las personas que saben tan bien como comunicarse con Dios.
Ven conmigo – le respondió el sacerdote. Tomó al niño por la mano y lo condujo al altar. Después se dirigió a los fieles: “Esta noche, antes de la misa, vamos a rezar una plegaria especial. Vamos a dejar a Dios que escriba lo que ÉL desea oir. Cada letra corresponderá a un momento del año, en el que lograremos hacer una acción, luchar con coraje para realizar un sueño o decir una oración sin palabras. Y le pediremos que ponga en orden las letras de nuestra vida. Vamos a pedir en nuestro corazón que esas letras le permitan crear las palabras y las frases que a ÉL le agraden”.
Con los ojos cerrados, el cura se puso a recitar el alfabeto.Y, a su vez, toda la iglesia repitió: a, b, c, d,…
Para orar:
Es Navidad[11]
Siempre que amamos es Navidad.
Navidad es partir y compartir.
Navidad es nacer para los demás.
Navidad es darse y recibir.
Navidad es paz y amistad.
Navidad es fiesta y alegría.
Navidad es tener ojos y corazón de niño.
Navidad es creer en la vida,
porque Dios la ha bendecido.
Navidad es cantar: “Gloria a Dios en el cielo
y en la tierra paz
a los hombres de buena voluntad,
porque Dios los ama”.
Navidad es ver, oír y tocar
al Dios eterno que se hace carne mortal.
Navidad es amor y amar.
Navidad es el encuentro entre lo inmenso y lo pequeño.
Navidad es sencillez y silencio.
Navidad es el milagro de amor de un Dios
que es infinito y se hace niño indefenso.
Navidad es acoger al Dios que nace
y cuidarle en los más pobres.
Navidad es cada vez que un enfermo
presta a Cristo su cuerpo
para que siga redimiendo a los hombres.
EL ENCUENTRO
Natividad del Señor
(miércoles, 25 de diciembre)
Nuestra vida:
Hoy es Navidad. Es un día especial. Tan especial que mucha gente no tendrá tiempo ni ganas de dedicar un ratito a Aquél que es el centro de esta historia. Tú sí has querido reservar hoy un tiempo para el encuentro con Jesús. Durante unas semanas has estado preparándote para vivir con intensidad estos días y claro, Navidad no podía pasar desapercibida para ti. Es cierto que hoy recordamos el nacimiento de Jesús, su encuentro con los hombres y de los hombres con Él. Sin embargo lo importante de este día es que podemos encontrarnos con el Dios-hecho-Hombre y además podemos caer en la cuenta de lo que ha supuesto para otras personas encontrarse con Él, de tal modo que a todos nos enseñe qué elementos no debemos olvidar nunca para vivir un auténtico encuentro con Jesús.
La Palabra de Dios: Lucas 2, 15-20 (Evangelio de la misa de la aurora)
Cuando los ángeles los dejaron, los pastores se decían unos a otros: “Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor”. Fueron corriendo y encontraron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.
Volvemos a la vida:
Hoy puedes encontrarte con Jesús y seguramente en muchos momentos has vivido la experiencia de sentirte cerca de Él. Una experiencia de encuentro que te ha llenado de alegría. El texto que hemos leído del evangelio de Lucas nos presenta la historia de unos pastores que fueron los primeros en encontrarse con Jesús. Escucharon la voz de Dios que les comunicó una buena noticia. Buscaron, con prisas, corriendo, dejando lo que hacían , a Aquél de quien les habían hablado. Y lo encontraron como les habían dicho. Tras el encuentro con Jesús los pastores comunicaron a otros lo que han visto y, sobre todo, alaban y dan gloria a Dios por aquello que habían visto y oído.
Tú te has encontrado con Jesús y deseas seguir encontrándote con Él. Él es el que ha de marcar tu hacer, tu escucha, tu ser y tu proyecto de vida. Todo lo que estas semanas has meditado ha debido preparar tu corazón para abrirte a su presencia. Has oído y debes seguir oyendo hablar a quienes te manifiestan la voz de Dios; has buscado y debes buscar siempre en tu vida la presencia de Dios; te has encontrado y debes seguir encontrándote contínuamente con Él. Has comunicado y debes seguir comunicando siempre a otros lo que tú has visto y oído; y, finalmente, has dado gloria a Dios y debes seguir haciéndolo porque tu encuentro con Jesús es obra gratuita de su amor. Hoy es un día para el encuentro. Disfrútalo.
Oramos:
Imagínate contemplando a ese bebé que es el Hijo de Dios. Contempla su pobreza, su pequeñez, su dependencia, … ¿qué te sugiere esa imagen? ¿Qué te sale del corazón en este momento?
La luz de la Navidad[12]
La luz de Navidad nos llama también a nosotros,
Jesús, hermano, hijo de María, Hijo de Dios.
Nos llama como llamó a los pastores.
Porque en Belén,
en tu carne tan débil, en tu rostro de niño
que aún no ha aprendido a mirar al mundo,
nosotros vemos reflejado todo el amor de Dios.
En tu carne está el amor, la ternura,
la esperanza confiada que sólo Dios es capaz de dar.
En tu carne Dios se ha hecho uno de los nuestros,
y eso es lo más grande que nadie haya podido nunca
llegar a soñar.
Contemplándote acostado en el pesebre,
acompañado del amor de María y José,
ponemos en tus manos nuestras ilusiones y temores,
nuestro deseo de fidelidad y también nuestro mal.
Y queremos poner también al mundo entero:
a los que más queremos y a los que no conocemos,
a los de cerca y a los de lejos;
y sobre todo, a los que más sufren.
Jesús, hermano, hijo de María, Hijo de Dios,
llena el mundo entero con el calor de tu amor.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Jueves (26 de diciembre)
Para reflexionar:
Recuerda los momentos en los que con más atención has escuchado la voz de Dios. ¿Quién te la transmitió? ¿Qué fue lo que el Padre te decía? ¿Hacia dónde te orientaba?
Para orar: “Es Navidad”
Viernes (27 de diciembre)
Para reflexionar:
Mira tu vida y descubre las ocasiones en las que has comunicado a otros que Dios para ti es importante. Hoy, tal vez alguien cerca de ti está esperando que tú, como hicieron los pastores, comuniques lo que ha supuesto para tu vida encontrarte con Jesús.
Para orar: “La luz de la Navidad”
Sábado (28 de diciembre)
Para reflexionar:
“Los pastores daban gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído”. Alaba hoy a Dios porque te has encontrado con Él, o mejor, porque Él se ha encontrado contigo.
Para orar: “Es Navidad”
UN ENCUENTRO QUE ASUSTA
Domingo de la Sagrada Familia
(29 de diciembre)
Nuestra vida:
Pedro es un chico que durante el bachillerato se planteaba seguir en serio a Jesús. Había algo en Jesús que le atraía. Aparentemente hacía lo de cualquier joven de su edad: se divertía, estaba en clase, estudiaba, hacía deporte, … Además de todo eso, sacaba tiempo para asistir semanalmente al grupo de jóvenes de su comunidad y oraba casi diariamente. Incluso en verano vivió una experiencia de servicio a personas que necesitaban ayuda. ¡Qué bien se sentía! Descubría sus límites y también sus posibilidades. Estaba feliz. Un buen día una idea comenzó a rondar por su cabeza: “¿querrá el Señor algo más de mí? ¿Cuál será su plan para mi vida?” Durante unos meses se comía la cabeza y cuando surgía la idea de que Jesús lo podía estar llamando a ser sacerdote, se comenzaba a pensar en otra cosa para evitarla. Habló con el animador de su grupo y con su cura. Parecía claro que había signos de llamada de Jesús, pero él se resistía. “Es mucho compromiso –se decía – ¿cómo voy a embarcar mi vida en esta historia? ¿Y si luego me equivoco? No tengo fuerza”.
La Palabra de Dios: Lc 2, 22-40.
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor.
(De acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: “Todo primogénito varón será consagrado al Señor”) y para entregar la oblación como dice la ley del Señor: “un para de tórtolas o dos pichones”.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu Santo, fue al templo. Cuando entraban con el Niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz: porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel.”
José y María, la madre de Jesús, estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: “Mira: éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti una espada te traspasará el alma”….
Volvemos a la vida:
Un anciano, un hombre de Dios, es capaz de ver en Jesús algo más que un bebé. Así cuando sus padres le llevan al templo, se dirige a ellos y les dice el sentido de la vida de aquel niño: “será luz para alumbrar a las naciones”. Será una bendición de Dios para muchos y, sin embargo, esa misma bendición supondrá para su madre una espada de dolor: “y a ti una espada te traspasará el alma”. María se encontró con el Padre, se puso a su disposición y eso acarrearía sobre la humanidad la salvación, pero para ella sería una tarea dura. Los encuentros con Jesús, la relación con Él puede y debe ayudarnos a descubrir nuestra misión en la vida. Nos puede asustar, como le pasó a Pedro, nos pueden echar para atrás las dificultades,… y el Señor nos llama a superarlas y a arriesgarnos. Hoy es el domingo de la Sagrada Familia. Jesús aprendió a asumir su tarea desde el testimonio de María y de José. Damos gracias hoy al Padre por nuestras familias y porque en ellas recibimos constantemente ejemplos de entrega que no está exenta de sacrificios.
¿En algún momento la relación con Jesús te ha complicado la vida? ¿Está dispuesto a que te la complique más?
Oramos:
Señor Jesucristo,
nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida tu nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás.
Aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolverlo;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso,
si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas
que sólo tenemos sentido
cuando nos quemamos:
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio
y busca la seguridad.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos
a lo imposible.
Porque detrás de lo imposible
está tu gracia y tu presencia:
no podemos caer en el vacío.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (30 de diciembre)
Para reflexionar:
Piensa hoy en personas que han sido para ti ejemplo de seguimiento de Jesús y que para ello han sido valientes, han arriesgado y no se han echado atrás.
Para orar: “Señor Jesucristo”
Martes (31 de diciembre)
Para reflexionar:
Seguramente tendrás muy claro lo que vas a hacer esta noche. Es una noche especial y de forma especial vas a vivirla. Merece la pena que tengas un momento para dar gracias a Dios por el año vivido y para pedir perdón por lo que en él no supiste vivir.
Para orar:
Palabras para acabar el año[13].
Gracias, Señor:
Por haber llegado al final de este año
creyendo, confiando y amándote.
Fueron muchas veces las que animaste mi fe,
las que corriste a mi encuentro, al volver de mis escapadas.
Siempre sentí el calor de tu mano, aún en plena oscuridad.
Gracias, también, por esa otra fe que he conservado,
la fe en mis hermanas y hermanos.
Gracias por las ayudas, la compañia y la alegría que me han brindado.
Gracias por tantos ojos como me miraron con ternura.
Gracias por tantas manos como se adelantaron a estrechar la mía.
Gracias por tantos labios cuyas palabras y sonrisas me alentaron.
Gracias por tantos oídos que me escucharon.
Gracias, Señor, por tanto como he recibido;
que no fueron méritos míos, sino dones tuyos…
Gracias por el mérito que me estimuló.
Gracias por la salud que me sostuvo.
Gracias por el trabajo que desempeñé,
y por el descanso de que disfruté.
Gracias por aquel fracaso y aquella desilusión.
Perdón, Señor:
Por la palabra que callé.
Por esa mano que no tendí.
Por la sonrisa que escatimé.
Por el saludo que negué.
Por la mirada que desvié.
Por la disculpa que no pedí.
Por esos oídos que no presté.
Por ese gozo que no compartí.
Por tanta lágrima que no enjugué.
Por esa verdad que omití.
Por tantas veces, Señor,
como me marché de Ti o como no te abrí.
Ayúdame, Señor,
porque quiero comenzar con fuerza
este nuevo año de mi vida.
UN ENCUENTRO QUE HAY QUE DIGERIR
Santa María Madre de Dios
(miércoles, 1 de enero)
Nuestra vida:
Fátima es una chica competentísima. Le encanta aprovechar al máximo su tiempo para benficio propio y de los demás. Siempre encontrará un rato para hacer algo que cualquiera necesite y es casi imposible verla parada. Además, todo lo hace casi perfecto. Es una máquina. Sí, es genial pero ella sabe que tiene una dificultad: vive a tope lo que hace en cada momento pero cuando pasa a otra cosa, de la anterior casi no queda nada en ella. A veces tiene la sensación que es una “devora-experiencias” y que de ninguna le queda nada importante dentro. El verano pasado participó en un voluntariado, en él se entregó y lo disfrutó de verdad. ¡Perfecto!-decía el último día-. Dos semanas después alguien le pregunó qué había supuesto para ella aquella experiencia y no fue capaz de decir más que “¡perfecto!”. Se dio cuenta entonces que no había digerido bien aquella fantástica experiencia y que, una vez más, tenía el peligro de no guardar nada de lo vivido.
La Palabra de Dios: Lucas 2, 16-21.
Los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho. Al cumplirse los ocho días, tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.
Volvemos a la vida:
Hoy, año nuevo, celebramos la fiesta de María Madre de Dios. El texto que acabas de leer, y que contemplábamos también el día de Navidad, dice que María “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. María no vive las cosas y ya está. María las guarda en su interior, las medita y extrae de ellas todo el jugo posible. Fátima, en este sentido, no se parece en nada a María. Entre tantas cosas como tenemos que hacer, es importante que, de vez en cuando, nos paremos. No podemos ser máquinas de hacer cosas, por buenas que sean, o de devorar experiencias. Lo que vivimos hemos de vivirlo a tope, pero hemos de rumiarlo despacito para enriquecer al máximo nuestra vida. Si en todo hay que hacer esto, en la relación con Jesús con más razón. Las experiencias más intensas de relación con el Señor Jesús tendrán que guardalas como el tesoro más rico y como tal guardarlas y meditarlas cada cierto tiempo. Las cosas importantes hay que digerirlas despacito. Un obispo argentino contaba a unos jóvenes lo bueno que es tener lo que él llamaba el cuaderno de “Anotaciones para rumiar”. Una libreta en la que cada uno toma nota de las cosas más importantes que va viviendo y de los mensajes que con más claridad recibe del Señor.
¿Eres tú de los que devoran esperiencias o de los que las saborean?
Oramos:
Concluye tu oración pidiendo al Señor, como hacen hoy todos los cristianos, por la paz.
Danos la paz[14]
Danos, Señor, la paz,
tu paz de cada día;
la paz que el mundo no entiende,
la paz que llena el corazón.
Danos, Señor, la paz,
que prometiste a tus discípulos
y que brota de las fuentes secretas
de vivir perdonando a los hermanos
y comprendiendo su fragilidad.
Danos, Señor, la paz,
que nace de tener puestos en Ti los pies,
porque Tú eres roca fuerte.
Danos, Señor, la paz,
que nadie sabe darnos,
porque sólo nos hablan de miedos,
de represiones y de armas.
Danos la paz del corazón,
que llega cuando Tú estás en él,
y lo habitas y lo llenas
Danos, Señor, la paz,
tu paz de cada día.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Jueves (2 de enero)
Para reflexionar:
¿Serías capaz, en estos días de comienzo del año, de tomar nota y de rumiar las vivencias más importantes, las que más te han ayudado a crecer como persona y como cristiano, en el año que acaba de terminar?
Para orar: “Danos la paz”
Viernes (3 de enero)
Para reflexionar:
El día de año nuevo en toda la Iglesia se pedía por la paz en todo el mundo. Lee despacio las Bienaventuranzas de la paz y plantéate en qué medida estás siendo tú constructor de la paz que tienes cerca de ti?
Para orar:
Bienaventuranzas de la paz[15]
- Felices los que viven en paz con el Señor.
- Felices los que gozan de paz en la conciencia.
- Felices los que construyen la paz en la familia.
- Felices los que siembran paz entre los amigos.
- Felices los que desean paz a los enemigos.
- Felices los apóstoles de la no-violencia.
- Felices los que destierran la venganza.
- Felices los que saben perdonar.
- Felices los que aceptan el perdón.
- Felices los vencedores que no se imponen.
- Felices los vencidos que no alimentan el odio.
- Felices los que saben que las guerras nunca son santas.
- Felices los que piensan que es posible el consenso.
- Felices los que no escuchan el diálogo de sordos.
- Felices los que no hablan el lenguaje de las pistolas.
- Felices los que intentan comprender.
- Felices los que tienen hambre de paz.
Sábado (4 de enero)
Para reflexionar:
Es imposible construir paz si no perdonamos a nuestros enemigos, a aquellos contra los que tenemos algo. Lee el relato siguiente y pregúntate: ¿soy capaz de perdonar?
Un breve poema de Lichtwev es ilustrativo en este tema[16]. Un rey tenía tres hijos y, entre todas sus posesiones, lo más valioso era un brillante sin par. A la hora de repartir sus bienes, reservó el diamante para aquel que cumpliese la hazaña más valerosa. El mayor dio muerte al dragón más peligroso y célebre del país. El segundo mató a diez hombres con una minúscula daga. El tercero partió una noche y, al amanecer, volvió y habló así a su padre: He encontrado a mi mayor enemigo durmiendo al borde del acantilado y lo he dejado seguir durmiendo. Y el rey entregó el diamante a su hijo menor.
“No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien”. (Rom. 12, 2l).
Para orar: “Danos la paz”
UN ENCUENTRO PARA ACOGER O PARA RECHAZAR
Segundo Domingo después de Navidad
(5 de enero)
Nuestra vida:
No es muy difícil encontarnos con gente que, aún habiendo estado en grupos de parroquia y haberse confirmado, pasan olímpicamente de Jesús. Hay otros, sin embargo, que han orientado y orientan sus vidas desde el encuentro que un día tuvieron con Jesús:
“Las amigas me llaman Macu. Por las tardes, o en los ratos libres acompaño a un joven inválido de mi pueblo. Salimos de paseo un rato, o simplemente charlamos. Este tipo de acciones y el grupo con el que me reúno, me ayudan a sentir la vida de otra manera. Descubrir que todo tiene otro color. La acción a favor de los otros transforma esta vida.”
(Inmaculada, 20 años)
“He decidido seguir a Jesús desde el ministerio sacerdotal, sudar por lo que él sudó, siempre a favor del hombre y de una manera especial por el más desfavorecido, siempre desde el amor, siempre desde el servicio. Y ésta ha sido y sigue siendo mi mayor dificultad, llevar esto a la vida cotidiana, al día a día. Pero a la vez ésta es mi ilusión, mi alegría, mi reto.”
(Manuel Matos, 24 años)[17]
La Palabra de Dios: Juan 1, 1-18.
En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.
En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. (…)
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: Éste es de quien dije: “Él viene detrás de mí, pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. (…) A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único,que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Volvemos a la vida:
“La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. (…) Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre”, has leído en este texto del evangelio. San Juan cuenta bellamente cómo la luz que es Jesús y que venía a iluminar y a dar vida a los hombres fue rechazado por muchos. Otros, bastantes menos en número, lo acogieron y a esos, según Juan, Jesús mismo les da poder para ser hijos de Dios, casi nada. Así sucedió y así sigue sucediendo. Jesús, que continúa haciéndose presente en nuestras vidas concretas, es rechazado por muchos y es también seguido incondicionalmente aunque por menos. Sí, ante Él no valen medias tintas. O sí o no. Quien le sigue experimenta como su vida está llena de una felicidad que ni las dificultades pueden apagar. Quizás tenga algo que ver con lo de ser “hijo de Dios”.
¿Dónde te sitúas tú? Tu encuentro con Jesús termina en rechazo o en seguimiento firme. Y recuerda, no vale un “sí pero”.
Oremos:
SI, PERO…
Lo veo claro por el momento.
Tengo la impresión que es la palabra escrita
dentro de mi corazón
desde muchos años atrás.
Y digo: Sí…
PERO no tengo fuerzas,
me puede el miedo,
me paraliza,
me deja atado a la costumbre,
a un ir tirando como pueda.
Lo veo claro por momentos
y presiento
que la felicidad no está aquí, está allí
y me espera allí,
en un encuentro nuevo, en un camino nuevo,
en una historia nueva.
Y digo: SI…
PERO lo nuevo no me da seguridad,
y me quedo en la seguridad,
que, si no es felicidad,
me da la comodidad
de no arriesgar nada
y de pasear por camino trillado.
Lo veo claro por momentos
y hasta me digo:
¡Ánimo! ¡ Ya es la hora! ¡Sí…!
PERO algo se resiste dentro de mi
y me tiene
y me retiene
y me estanca
sin dejarme marchar como Abraham,
sin dejarme beber el agua de la vida,
sin dejarme pisar
la patria de la promesa que presiento.
¡Es hora de SÍES sin PEROS!
¡Es tiempo de marcha!
¡Es el momento oportuno!
¡Es hora de nacer de nuevo!”
UN ENCUENTRO BUSCADO INCANSABLEMENTE
Y QUE ORIENTA LA VIDA
Epifanía del Señor
(lunes 6 de enero)
Nuestra vida:
“Pablo estuvo en catequesis conmigo todo el tiempo de Confirmación. Desde el principo se le veía espabilado y en muchos momentos me dio mucho catigo. No se conformaba con cualquier explicación y a medida que profundizábamos en temas relacionados con Dios y con Jesús, se mostraba más inquieto. ¡Es listo el Pablo! Tuvo una época en la que su manía era que alguien le explicara cómo podía encontrarse con Jesús. Decía que él nunca había sentido a Dios y que si él no podía tener una experiencia especial de Jesús. Realmente no atendía a explicaciones. Una cabeza tan loca como la suya o un corazón tan inquiento como el suyo no podía con aquella edad captar lo que yo le decía. Tuvo una época malísima. Suspensos, broncas incontables en el instituto y en casa, … y descentre total. En todas las movidas estaba el Pablito. ¡Y en catequesis seguía con los mismos planteamientos: quería tener experiencia de Dios! …” (Manoli, Catequista de Confirmación)
La Palabra de Dios: Mateo 2, 1-12.
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo». Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel” ».
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo». Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Volvemos a la vida:
“…Menudo era el Pablo…Estoy convencida que en el fondo buscaba, desde bien pequeño, algo muy importante. No me hacía caso y su vida concreta estaba en el extremo contrario a la búsqueda de Dios. Era un vividor… y creo firmemente que ninguna de las experiencias que vivió en aquellos años le llenaron de verdad… Dejó el grupo, abandonó, decía él la fe, pero seguía hablando conmigo. Consiguió llegar a la universidad y yo veía que su ansia por buscar lo que le tenía que llenar le condujo a movidas considerables… Dos años después algo ocurrió: Pablo se había encontrado con Jesús y su vida comenzó a centrarse”. (Manoli, Catequista de Confirmación)
Muchos a lo largo de la historia han buscado al Señor, porque todos estamos hechos para buscar, como Pablo, lo que puede llenar nuestro corazón de felicidad. Pablo se equivocaba en su búsqueda. Los Magos, que recordabamos hoy, aunque perdieron su estrella se mantuvieron en la búsqueda y al final se encontraron con Jesús. ¿Qué estás buscando en tu vida para llenar tu corazón de felicidad?
Oramos:
“Salmo en busca de un proyecto de vida”
“Es el momento, Señor, de orientar mi vida;
es la hora de dar rumbo a mi existencia;
estoy a punto para descubrir un nuevo camino;
no me sirve, Señor, el vivir en eterna encrucijada.
Estoy ante ti abierto como la playa al mar;
estoy en busca de tus pasos, de tus huellas;
quiero dejar atrás mis caminos y entrar por “tus caminos”
quiero decir sí al plan de Dios para los sueños de mi vida.
Aquí estoy, Señor, como Saulo
en el camino de Damasco, y te digo sin rodeos:
Señor ¿qué quieres que haga?
Aquí estoy, Señor, como Samuel en la noche
y te digo: Habla, que tu siervo escucha.
Aquí estoy, Señor, como María cuando era joven
y te digo: He aquí la esclava; que haga según tu Palabra.
Aquí estoy , Señor, con un corazón disponible como el tuyo
y te digo “Quiero hacer tu voluntad”.
Para reflexionar y orar durante la semana:
Martes (7 de enero)
Para reflexionar:
Pablo se despistó en la búsqueda, los Magos perdieron el rastro de la estrella…. ¿Has buscado tú la felicidad donde no está? ¿Conoces a gente que han perdido el rumbo de la auténtica búsqueda?
Para orar:
Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Qué me pides?
Señor, ¿cuál es el plan del Padre para mi vida?
Señor, ¿cuál es el proyecto que quieres que realice?
Señor, ¿a qué me llamas? ¿Por donde quieres que camine?
Señor, ¿cómo estar seguro de tus caminos en la vida?
Señor, ¿cómo sé yo que es eso lo que deseas de mi y no otra cosa?
Señor, ¿seré capaz de ser fiel a la llamada que tu me haces?
Señor, ¿y si me equivoco y tengo que volver atrás?
Señor, ¿Cómo comprometerme si no estoy plenamente seguro?
Preguntas, Señor, siempre preguntas. ¿Cómo saldré de la duda?
Yo quiero tener claro cada paso del camino.
Soy calculador, Señor, y no me gusta arriesgar nada.
Yo quiero tener mis seguridades y tengo miedo a lo imprevisible.
A fin de cuentas: ¿Te busco o me busco, Señor?
¿Pongo mis ojos en mí o te miro a mí?
¿Son tus intereses los que busco o sólo los míos?
¿Estoy disponible ante ti?
Miércoles (8 de enero)
Para reflexionar:
Pablo hablaba con Manoli, los Magos preguntaron a Herodes… ¿En quién te apoyas tú para tu búsqueda personal? ¿En qué medida puedes ser orientación para otros que anden despistadillos?
Para orar:
Quiero, Señor Jesús, escucharte y dar respuesta a tu llamada.
Quiero, Señor Jesús, dejar todo, quedarme libre para seguirte.
Quiero, señor Jesús, arriesgar mi camino con el tuyo.
Quiero, Señor Jesús, dejar mis miedos, dar paso a mi fe de joven.
Quiero, Señor Jesús, fiarme de tu plan porque me amas.
Yo sé que me has mirado, que has puesto tus ojos en mí.
Yo sé que me quieres para ser servidor de tu Reino.
Yo sé que me das fuerza de tu Espíritu para ser enviado.
Yo sé que es posible realizar tu plan y ser feliz.
Señor, quiero hacer de tu Persona y tu Evangelio,
el Proyecto de vida que dé sentido a mi existencia.
Aquí me tienes, Señor, para hacer tu voluntad.
Jueves (9 de enero)
Para reflexionar:
El encuentro de Pablo cambió su vida. El de los Magos supuso para ellos el que “volviesen a su tierra por otro camino”. ¿El encuentro y la relación con Jesús va orientando tu vida en alguna dirección? ¿Vas en la vida exáctamente por el mismo camino por el que van tus compañeros que pasan o que no creen?
Para orar: “Salmo en busca de un proyecto de vida”
Viernes (10 de enero)
Para reflexionar:
Está concluyendo el período de Adviento y Navidad en el que tú te propusiste dedicar un esfuerzo especial a tu relación con Jesús y a tu encuentro con Él. Puedes recordar las conclusiones de tu reflexión de Adviento, puedes tomar nota y sacar conclusiones concretas para tu vida.
Para orar: “Señor, ¿qué quieres de mí?
Sábado (11 de enero)
Para reflexionar:
De la misma manera que hiciste ayer, retoma la reflexión que has realizado durante los días de Navidad hasta ahora, escribe lo más destacado para que no se te olvide y saca conclusiones para tu vida.
Para orar: “Quiero, Señor Jesús, escucharte”
UN ENCUENTRO QUE NOS LLENA DEL ESPÍRITU
PARA ENVIARNOS A LA TAREA
Bautismo del Señor
(domingo 12 de enero)
Nuestra vida:
“Faltan dos semanas para que nos confirmemos 25 jóvenes en nuestra parroquia. Anoche estuve hablando con Olga y me contaba la ilusión con que está viviendo estos días. Me quedé alucinado. Creo que nadie de nosotros aprecia tanto como ella el sacramento que vamos a recibir. Está claro que todos creemos en Dios, que todos, más o menos, deseamos seguirle, pero, la verdad, me parece que ninguno se lo toma tan en serio como ella. Me decía entusiasmada que siente necesidad del Espíritu, que quiere seguir a Jesús con todas sus fuerzas pero que son insuficientes porque se cansa, porque no consigue hacer todo lo que quiere, porque falla,… Es como si ella entendiera que el paso que vamos a dar no es un sí nuestro a la fe católica, sino, primero, un sí de Jesús hacia nosotros. Un sí que nos va a traer como regalo el don del Espíritu y como tarea una misión en medio de nuestro mundo,… algo así me decía ella. ¡Cómo se come la cabeza esta Olga!”. (Julián, 17 años).
La Palabra de Dios: Marcos 1, 7-11.
En aquel tiempo proclamaba Juan: “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”.
Volvemos a la vida:
Cuando uno se encuentra con Jesús, siente dentro la llamada a realizar una tarea. Él nos empuja a dejar nuestro mundo mejor que nos lo hemos encontrado. Hay mucho por hacer en nuestra propia persona que en muchos momentos dice mucho y hace poco; entre las personas que tenemos cerca: amigos, familia, pareja, compañeros de estudio o trabajo,… ; en nuestros pueblos y ciudades, en nuestros centros de estudio o de trabajo, en nuestras parroquias, en nuestros grupos, …. En este trabajo no estamos solos: el Espíritu del Señor está con nosotros.
Jesús, al disponerse a realizar su misión evangelizadora, recibió la fuerza del Espíritu en el bautismo. Era el regalo de “presentación en sociedad” que le hacía el Padre al reconocerlo como su propio Hijo. Esto es lo que recordamos en la fiesta del Bautismo del Señor al terminar el tiempo de Navidad.
Tú también tienes una tarea. Tú también eres hijo del mismo Padre. Tú también puedes contar con la fuerza del Espíritu Santo. Se acaba este tiempo especial de Adviento y de Navidad. ¿Te sientes llamado a “pringarte” en la tarea? No te eches atrás, no te de miedo, … cuentas con la fuerza del Espíritu de Jesús. Como decía Olga, tenemos como tarea una misión en el mundo y como regalo el don del Espíritu Santo.
Oremos:
“Servir”
“Donde haya un árbol que plantar,
plántalo tú.
Donde haya un error que enmendar,
enmiéndalo tú.
Donde haya un esfuerzo que todos esquiven,
acéptalo tú.
Sé el que apartó del camino la piedra,
el odio de los corazones
y las dificultades del problema.
Hay la alegría de ser sano y justo,
pero hay, sobre todo,
la inmensa alegría de servir.
Qué triste sería el mundo
si todo en él estuviera hecho.
Si no hubiera un rosal que plantar,
una empresa que emprender.
No caigas en el error
de que sólo se hacen méritos
con los grandes trabajos.
Hay pequeños servicios:
poner una mesa,
ordenar unos libros,
peinar una niña.
El servir no es una faena
de seres inferiores.
Dios, que es el fruto y la luz, sirve.
Y te pregunta cada día: ¿Serviste hoy?
Gloria Fuertes
Para reflexionar y orar durante la semana:
Lunes (13 de enero)
Para reflexionar:
Durante esta semana puedes plantearte tareas concretas que puedas ir realizando durante el comienzo de este año o durante todo él. Procura que sean cosas concretas para que seas capaz de descubrir si consigues hacerlas o si no lo haces. Hoy puedes pensar ¿qué misión me encomienda Jesús que realice entre mis amigos? ¿En qué les puedo servir? ¿Qué tengo que corregir?
Para orar: “Servir”
Martes (14 de enero)
Para reflexionar:
Entre los compañeros de trabajo o de estudio, y en los mismos centros en los que estudias o trabajas, también hay mucho que hacer. ¿Qué quiere Jesús que tú realices? ¿Qué puedes hacer para que las relaciones entre los compañeros sean mejores? ¿Qué puedes hacer para que tu centro de estudio o de trabajo sean mejores?
Para orar:
“Oración del enviado”
“Id por todo el mundo…
Estas palabras están dichas para mí.
Soy continuador de tu obra.
Soy tu compañero en la misión.
Gracias, Jesús.
Me encuentro emocionado por tu confianza.
La mies es mucha y los braceros pocos.
Quiero ser uno de ellos.
Muchas personas están caídas y pasamos de largo.
Quiero ser el buen samaritano.
Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros la Buena Noticia.
Dame AUDACIA.
En este mundo escéptico y autosuficiente,
tengo vergüenza y miedo.
Dame ESPERANZA.
En esta sociedad recelosa y cerrada,
yo también tengo poca confianza en las personas.
Dame AMOR.
Es esta tierra insolidaria y fría,
yo también siento poco amor.
Dame CONSTANCIA.
En este ambiente cómodo y superficial,
yo también me canso fácilmente.
Conviérteme primero a mí,
para que yo pueda anunciar a otros la Buena Noticia.
Gracias, Jesús.
Me encuentro emocionado por tu confianza.
Miércoles (15 de enero)
Para reflexionar:
En el ámbito de tu familia seguramente habrá alguna tarea que Jesús te encomiende. ¿En qué tienes que cambiar tú para mejorar las relaciones con tus padres o hermanos? ¿En qué puedes aportar algo a tu familia? ¿Qué actitudes tuyas no favorecen la buena marcha de tu familia?
Para orar: “Servir”
Jueves (16 de enero)
Para reflexionar:
Tu grupo y tu parroquia también necesitan de ti y de tu colaboración. Jesús te encomienda una tarea también en estos campos. ¿Qué puedes hacer tú para que el ambiente de tu grupo ayude a que todos descubran a Jesús con más claridad y le sigan con más decisiónn? ¿Qué puedes hacer tú y tu grupo en medio de tu parroquia? ¿Qué necesita tu parroquia de ti o de vosotros?
Para orar: “Oración del enviado”
Viernes (17 de enero)
Para reflexionar:
Los necesitados, los enfermos, los que están solos, los pobres,… necesitan de ti. Jesús te envía también a ellos. ¿Quiénes son los necesitados que tienes más cerca? ¿Qué podrías tú hacer por ellos? ¿Existe en tu comunidad algún voluntariado en el que pudiras echar una mano?
Para orar: “Servir”
Sábado (18 de enero)
Para reflexionar:
Estos días concluyen. Da gracias a Dios por ellos. Da gracias por la experiencia de encuentro con Él que has tenido esta Navidad. Recuerda todo lo que has ido decidiendo esta semana y recuerda que no estás solo. Recuerda que el Espíritu del Señor está contigo y que te dará fuerza. Una última cosa, cada vez que hagas presente el estilo de vida de Jesús en tu vida y en tus ambientes estarás actualizando la Navidad.
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